Diagnóstico del TDAH

 


 

Un diagnóstico correcto es imprescindible para un tratamiento efectivo, para que padres y profesores fundamentalmente puedan ayudar al niño a que desarrolle todo su potencial.



Un diagnóstico precoz es igualmente imprescindible para una pronta intervención, evitando así trastornos añadidos y abordar adecuadamente los diferentes problemas que puedan surgir a lo largo de su desarrollo. La edad para acudir al profesional dependerá de las características de cada caso, pero en la mayoría de los ellos debiera ser anterior a los 8 años.



El TDAH se puede confundir con desordenes de la infancia o con trastornos como ansiedad, depresión, etc., por eso deben existir pruebas claras de un deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica o laboral en el caso de adultos. Los niños en los que se establece el diagnóstico de TDAH han de presentar varios de los signos y síntomas representativos en un grado considerado “perjudicial” y con una frecuencia mucho mayor de lo predecible para su edad y nivel de maduración.

Aunque desde temprana edad los síntomas ya son evidentes en la mayoría de los casos, es en primaria cuando suceden cambios más importantes, las exigencias son mayores y se requiere de una mayor atención y control sobre sí mismos, lo que produce mayores dificultades y una sintomatología más clara.



El diagnóstico de este trastorno ha de basarse en una valoración minuciosa para excluir otras posibles causas de las dificultades del niño, lo que incluye información de su familia, de sus profesores y una evaluación por parte de profesionales sanitarios como: Psicólogos Infantiles, Pediatras, Neurólogos Infantiles, Psiquiatras Infantiles y Psicopedagogos.

La evaluación de este complejo trastorno debe realizarse desde una perspectiva multiprofesional que aborde tanto la evaluación psicológica, la educativa y médica.



La evaluación de TDAH, no es sencilla al haber distintos subgrupos, según predomine los problemas de atención o los de hiperactividad e impulsividad. No existe una prueba única que por sí sola permita hacer un diagnóstico exclusivo y confiable. La evaluación debería incluir:



  • Un examen médico / neurológico completo para evaluar la salud general del niño y descartar problemas de tipo visual, auditivo, anemias o la falta de componentes vitales para su salud.
  • Una evaluación psicológica/psicopedagógica profesional para tener una idea clara de la condición emocional del niño, incluyendo pruebas de capacidad intelectual y de desarrollo cognitivo.
  • Una evaluación familiar para la cual se utilizan las escalas de comportamiento.
  • Una evaluación escolar que incluya la historia académica y de comportamiento del niño en el aula.
  • El diagnóstico se basará en el cumplimiento de los criterios del DSM-IV, que son los criterios diagnósticos establecidos por la Academia Americana de Psiquiatría (1994) o del CIE-10 (1992) reconocidos y establecidos por la OMS.

(Citado de Fundación CADAH)

 



 



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